Conferencia “Islamofobia y Civilización”

Filósofo, escritor, activista, agitador de mentes, Santiago Alba Rico  impartió una conferencia en el Paraninfo de la UMA (El Ejido), en un acto incluido en el Plan de Apoyo a las Personas Refugiadas de la UMA.

En este mundo maltrecho, egoísta y catatónico, pensar es ineludible, discutir, obligatorio y actuar es perentorio si queremos salvar, al menos, una parte de nuestro patrimonio moral. Su discurso es una reflexión inagotable que pone en cuestión el devenir de nuestra civilización, los principios en los que dice basarse y la posibilidad de que exista una esperanza si reaccionamos a tiempo para cambiar la política, pues la defensa de los valores laicos, republicanos y de izquierdas se hace no solo venciendo el yihadismo sino también la islamofobia.

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 En su intervención, nos recordó las paradojas con las que nos enfrentamos al fenómeno de la inmigración masiva, despreciando, odiando y hasta culpando a los que sufren y buscan asilo, como si ellos mismos fueran culpables de su situación y no víctimas civiles con derecho a la protección. La paradoja de que desde Napoleón a Bush se utilicen los mismos argumentos para la conquista sin que hayan variado lo más mínimo los intereses de Occidente y sobre todo la paradoja más insultante de todas ellas, de que precisamente quienes hablan en nombre de la civilización y los valores de occidente, lo hagan desde identidades tribales y nacionalismos estrechos.

 Las bombas, nuestras bombas,  – según Santiago Alba Rico – son como la levadura del terrorismo, y nuestras ofensivas destructivas no son sólo actos criminales sino una demostración de nuestro fracaso como civilización. Cada vez que esto se ha sustituido por derechos y libertades, cada vez que se han dejado de lado la colonización o el imperialismo en aras de la autodeterminación de los pueblos, éstos han elegido opciones democráticas.

 Debemos presionar a nuestros gobiernos no sólo para que se abran las puertas y se reciban con dignidad y esperanza a los refugiados, sino exigir que se elaboren leyes que condenen la islamofobia, de la misma forma que hoy se condena el antisemitismo. La gran responsabilidad de nuestros gobernantes y de algunos medios de comunicación en la construcción de la identidad de “los otros” y en la generación del miedo, es enorme. Con el miedo se construye una sociedad neurótica cada vez más cerrada en sí misma y sin posibilidad de enriquecerse con los aportes de ideas y vivencias que traen los que vienen. Con el miedo se construyen barreras que, a la postre, no podrán impedir ni paliar la llegada de refugiados. Con el miedo no pensaremos en una solución justa, sino en un nuevo holocausto.

Es urgente, pues, actuar con responsabilidad y pensar que cualquier respuesta banal y culpabilizadora no solo alimenta la islamofobia, sino que a la postre supone un recorte de nuestras propias libertades al hacer concesiones al discurso de la extrema derecha europea, un camino de difícil retorno.

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