100 años de barbarie bastan

Cuenta una conocida fábula, que hace ya muchos años, en una lejana aldea, una pareja de científicos decidió investigar qué pasaba si metían a una rana en un cazo de agua hirviendo. En un primer momento, el científico cogió a la rana e intentó meterla en un cazo con agua hirviendo. La rana, asustada, brincó todo lo que pudo y corrió a esconderse en un rincón.

Artículo de Ana Sánchez, activista BDS, y Javier D. Muriana, integrante de la Coordinadora Andalucía con Palestina, publicado en publico.es el 1 de noviembre de 2017.

Tras este primer intento, la pareja decidió modificar ligeramente las condiciones del experimento y meter a la rana en una olla a temperatura ambiente e ir aumentando progresivamente la temperatura. La rana se metió de buen grado en la olla, empezó a notar el calor y se relajó, dejándose llevar y disfrutando del baño. Empezaron las burbujas, el calor siguió aumentando y cuando la rana se dio cuenta de lo que estaba pasando ya era demasiado tarde: sus músculos no reaccionaron, perdió el sentido y murió escaldada.

Hace 100 años, tras la declaración Balfour, el entonces imperio británico metió al pueblo palestino en una olla imaginaria y desde entonces, la temperatura no ha parado de subir. Treinta años después de Balfour, en 1947, la recién creada ONU, subió la temperatura con el Plan de las Naciones Unidas para la Partición de Palestina y la Resolución 181. En 1948 hubo un drástico aumento de los grados con los que la población palestina comenzó su periplo de resistencia: la Nakba, el “desastre palestino”, un proceso de limpieza étnica de vastos territorios de Palestina llevado a cabo por el movimiento sionista para permitir la creación del Estado de Israel. La temperatura siguió in crescendo hasta 1967, con el comienzo de la ocupación militar de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este y hasta la fecha, ha seguido subiendo exponencialmente con la construcción del muro desde el 2002, las masacres de Gaza en el 2009 y 2014 y un largo listado de atrocidades que no hacían sino echar más y más leña al fuego.

Y es que esta olla simbólica no es otra cosa que la Nakba constante y continua del pueblo palestino. Un proceso de limpieza étnica perpetrado con el apoyo explícito y el silencio cómplice de nuestros gobiernos.  La única diferencia es que, en comparación con la rana de la fábula, el pueblo palestino no se ha dejado llevar, todo lo contrario, ha demostrado que tras décadas de colonialismo, desposesión y apartheid, son un ejemplo de lucha y resistencia.

Esta adaptación del pueblo palestino a las circunstancias más adversas tiene mucho que ver con unas profundas raíces que se asientan sobre la tierra que habitan. Quienes sí hemos actuado como la rana de la fábula, acomodándonos al sufrimiento ajeno, hemos sido nosotros y nosotras, la llamada comunidad internacional, que lejos de correr a apagar el fuego, hemos mirado hacia otro lado pensando que la cosa no iba con nosotras o, aún peor, hemos prestado cerillas a quienes subían la temperatura de los fogones. Nos hemos acostumbrado a la macabra presencia del sufrimiento del pueblo palestino en las noticias. A las tiranas excusas del gobierno israelí, la Unión Europea y los Estados Unidos, a las restricciones en la libertad de movimiento, a las demoliciones de casas, a las detenciones administrativas, a la expansión de los asentamientos, al bloqueo de la Franja de Gaza, a la denegación del derecho al retorno a más de 7 millones de personas…nos hemos acostumbrado (y normalizado) al régimen israelí de ocupación, colonialismo y apartheid contra el pueblo palestino.

Por eso hoy, cuando se cumple un siglo de la Declaración Balfour, pedimos a nuestros cargos públicos, a todos los gobiernos locales y autonómicos del Estado español y a nuestros representantes en el gobierno de España que no contribuyan a alargar más la agonía de un pueblo que ha resistido por décadas los envites de la impunidad, la falta de justicia y los procesos de paz. Basta de normalizar relaciones con un Estado profundamente anormal, basta de proporcionar ayuda material a la comisión de flagrantes vulneraciones de derechos humanos, basta, en definitiva, de impunidad.

Simone de Beauvoir decía que ser libres es querer la libertad de los demás, y nosotros y nosotras, queremos vivir en un mundo libre. 

Acabar con el ciclo de la impunidad que permite a Israel mantener este sistema de apartheid y colonialismo es capital para que la justicia se imponga a la ley de la selva que hoy impera en Palestina. Si continuamos obviando los cuantiosos crímenes de guerra y contra la humanidad perpetrados por Israel estaremos alimentando la barbarie y abandonando definitivamente la creación de un mundo basado en la justicia.

El papel de España, social y culturalmente muy próxima a Oriente Medio, reside en la construcción de puentes basados en la ley, el cumplimiento del derecho internacional y el empuje decidido en la defensa de los derechos humanos. Desde las más de 70 instituciones públicas declaradas Espacios Libres de Apartheid Israelí (ELAI) se están dando pasos en la dirección correcta: la de no contribuir por acción u omisión con los crímenes perpetrados por Israel contra los palestinos, así como la de combatir la islamofobia y el antisemitismo, alimentados por Israel a través de una narrativa tóxica cargada de prejuicios y falacias sobre la similitud entre el judaísmo e Israel.

En los últimos meses, decenas de ayuntamientos están recibiendo llamadas, amenazas y demandas por pronunciarse a favor de la defensa del derecho internacional y de los derechos humanos. Los ataques a la soberanía local, las amenazas a cargos públicos y las falsas acusaciones de delitos de odio contra las instituciones de todos y todas, no son más que el traslado de la guerra sucia de Israel contra el pueblo palestino a nuestro país. El lobby israelí pretende silenciar cualquier atisbo de solidaridad efectiva con el pueblo palestino y privar a la ciudadanía y a sus representantes de la posibilidad de defender los derechos humanos con los instrumentos legales disponibles. Desde aquí les recordamos que denunciar las sistemáticas vulneraciones de derechos cometidas por un Estado profundamente racista y discriminatorio no es una cuestión de solidaridad, es una obligación moral y legal.

A 100 años del inicio del mayor y más longevo proceso de colonización de la historia contemporánea, defender el Estado de derecho y las instituciones públicas frente al lobby israelí es imprescindible para luchar contra la ocupación, la colonización y el apartheid en Palestina.

Es por ello que hacemos nuestras las palabras de Richard Falk (antiguo Relator Especial de las Naciones Unidas) sobre la campaña BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones) que lidera la sociedad civil palestina: “no sólo es un instrumento esencial para cambiar las relaciones de poder; es el único instrumento viable en este momento”.

Por el derecho a defender derechos; por la justicia, la libertad y la igualdad, a 100 años de Balfour lanzamos una petición a todos los cargos públicos e instituciones pública de nuestro país: Ni un paso atrás: silencio es complicidad.

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