Conferencia “La lucha conjunta contra la ocupación en Israel y Palestina”

Ahmad Jaradat, palestino de Hebrón, y Sergio Yahni, israelí residente en Jerusalén, aportaron su experiencia de cooperación durante 17 años como miembros del AIC (Centro Alternativo de Información), trabajando para dar a conocer las continuas violaciones de derechos humanos y la dureza de la vida cotidiana en Palestina.

Sus intervenciones cubrieron las expectativas generadas, aportando datos y puntos de vista que nos ayudan a comprender cómo es la vida en Israel y Palestina de los que intentan hacer valer los derechos humanos para toda la población, y las dificultades que encuentran para desarrollar esta labor conjunta, tan poco frecuente en esa parte del mundo.

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La situación en Hebrón

Ahmad Jaradat habla de su ciudad, Hebrón (Al Khalil para los palestinos). En el corazón de esta ciudad palestina de 55.000 habitantes, viven aproximadamente unos 500 colonos judíos, fuertemente protegidos por unos 2.000 soldados.

Arrebatan y ocupan las casas a los palestinos, instalándose en el piso superior. Les hacen la vida imposible arrojándoles basuras, impidiendo que puedan desarrollar su trabajo como comerciantes, les insultan, les agreden verbal y físicamente, incluso hasta a los niños, ante la pasividad del ejército.

Primero dividieron la ciudad en zona norte y zona sur; últimamente han instalado checkpoints que separan los barrios. Se da el caso de que familias que viven a siete metros, en la acera de enfrente de una calle, tienen que dar un rodeo de 10 km para visitar a sus familiares.

Es el lugar donde se están produciendo más víctimas entre los palestinos.
Hay un colegio, llamado Córdoba, que es objetivo especial  de agresiones por parte de colonos. Miembros de una asociación internacional acompañan a los niños y niñas palestinos a la salida y la entrada para evitar que sean blanco de ataques de los colonos.
Se proporcionan casas rehabilitadas en el centro con luz, agua e Internet a las familias que quieran ocuparlas, pero pocos se atreven, porque la tensión allí es máxima.
Pide que haya más presencia internacional en Hebrón. Cada vez quedan menos cooperantes y brigadistas que puedan ser testigos y contar lo que allí ocurre.

Origen del régimen sionista

Sergio Yahni aborda los orígenes del régimen sionista del estado de Israel, que es similar a lo que fue la guerra civil española. Se enfrentaron dos milicias. De un lado la de los judíos, fuertemente armada, entrenada y constituida por gente procedente sobre todo de Europa, la mayoría recién llegados a Palestina. De otro la milicia palestina, muy inferior en número, armamento y preparación, porque habían matado o encarcelado a casi todos sus dirigentes. En 1948 miles de palestinos son expulsados de sus casas y sus tierras. Es el momento conocido como la Nakba (el Desastre). Muchos mueren, otros tienen que huir para salvarse tras la destrucción de sus pueblos y aldeas. El proceso de colonización empezó en 1948, pero la política sionista de anexión de territorios y limpieza étnica continúa desde entonces hasta ahora… Quieren lograr el Gran Israel, el sueño de los sionistas, y los palestinos son un escollo que hay que borrar del mapa.
Las leyes israelíes permanentemente crean una ‘tierra de nadie” entre la realidad que viven los palestinos y las leyes vigentes. Eso ocurre, entre otras, con la Ley de los Ausentes Presentes.

Tanatopolítica

Para mantener su hegemonía y control, el régimen sionista ha desarrollado una política basada en la muerte (tanatopolítica). Se pueden distinguir en ella tres fases desde 1948, y su fin es mantener sometidos a los palestinos viviendo en  condiciones infrahumanas y disuadirles de permanecer allí.

Una primera fase, desde 1948 hasta 1993, cuando se firmaron los Acuerdos de Oslo, que provocó muchas muertes palestinas al principio, pero que fue de baja presión después.

Una segunda etapa, que transcurre entre los Acuerdos de Oslo (1993) hasta el año 2000, cuando se constata que esos acuerdos son papel mojado, en la que se producen unas trescientas muertes. Es el periodo menos letal, que trajo consigo una cierta esperanza.

Y la tercera, desde el año 2000 hasta ahora. Es la más virulenta. Entre enero de 2000 y diciembre de 2015 han muerto 9416 palestinos en sucesos violentos atribuibles a colonos y al ejército. Si extrapolamos los datos a España, habría muerto un millón de ciudadanos en sólo quince años. Eso indica que es una sociedad enferma, tanto para los palestinos, principales víctimas, como para los ciudadanos israelíes. Pero la situación no acaba ahí. La vida diaria de los palestinos está permanentemente amenazada; incluso si  oponen una pacífica y mínima resistencia a las continuas agresiones y violaciones de derechos humanos que sufren, tienen muchas posibilidades de morir. Es una situación de estrés inimaginable con la que quieren disuadirles de permanecer en su tierra y obligarles a marchar.

Es un pueblo que no tiene derechos reconocidos. Son juzgados por leyes militares, a diferencia de los ciudadanos israelíes. Hay leyes absurdas que hacen imposible el retorno de los refugiados, que les expropia terrenos y casas, muros que los hacen invisibles, que los cosifican, que estrangulan su desarrollo, sus relaciones y una vida mínimamente digna.

AIC trata de romper esa separación desarrollando actividades conjuntas que informen de las continuas violaciones de DDHH que se producen y permitan la co-resistencia. Pero tienen muchas dificultades, porque la entrada de palestinos a áreas judías está totalmente vetada, y la de judíos a las áreas palestinas pueden suponer multas económicas, cárcel, y amenazas continuas muy fuertes para los que se atreven, además de ser señalados ante sus vecinos como colaboradores del terrorismo.

Cualquier atisbo que suponga reconocer esta situación es inmediatamente tachado de insensato apoyo a los terroristas que quieren terminar con el estado de Israel. Como ejemplo, el subjefe del Estado Mayor de Israel manifestó recientemente que la situación en Israel le recordaba a la que se daba en Europa poco antes del triunfo del nazismo. O un alto mando del ejército, que declaró no ver procedente que se tuviera que vaciar el cargador disparándole a una niña; con una bala hubiera sido suficiente. Ambos fueron tachados públicamente de apoyar al terrorismo.

Una sociedad, la israelí, en la que sus ciudadanos son criados en el miedo al otro, al diferente, que nunca podrá ser asimilado, porque amenaza su realidad como sociedad y como país. Una unidad negativa inasimilable, como escribe Santiago Alba Rico, en la que cabe cualquier palestino, todos terroristas, aunque sean niños, gente pacífica, o gente que lucha por lograr un entendimiento para que ambos pueblos puedan convivir en paz y con dignidad en ese territorio.

Por eso iniciativas de co-resistencia para lograr una paz justa que lleve a una convivencia son tan relevantes. Les agradecemos a ambos su valor y su ejemplo.

La libertad de expresión en Israel

Intervino también Irene Carretero,  de Amnistía Internacional, entidad colaboradora en la organización del acto, quien expuso el informe elaborado por su organización que denuncia la persecución de activistas que trabajan contra las transgresiones de DDHH en Palestina dentro del movimiento BDS, y tienen su libertad y sus vidas amenazadas por el gobierno israelí. Asimismo varias organizaciones de DDHH israelíes están siendo acosadas para impedir que apoyen el movimiento BDS contra el apartheid.

En todos los casos el gobierno israelí incurre en una falta de respeto absoluta a la libertad de expresión, ya que se trata de una iniciativa pacífica para lograr el cambio de actitud del gobierno israelí y acabar con el apartheid que padece el pueblo palestino.

Visita su página web aquí: http://www.alternativenews.org/english/ 

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