No hay futuro, se lo roban cada día

Eva Nieto resume en este escrito la situación constatada durante la semana que han permanecido en los territorios ocupados de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este. El muro y las rejas que encierran y asfixian la vida diaria de palestinas y palestinos son testigos mudos de la ocupación y del crimen de apartheid.

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En 2017 se cumplen 10 años del bloqueo de Gaza por parte de Israel, fuerza ocupante que viola sistemáticamente los DDHH, el Derecho Internacional e incluso incumple sus responsabilidades como ocupante, recogidas en la IV Convención de Ginebra.

En 2007 retiró los asentamientos ilegales, pero cerró las puertas. Hoy sólo tienen 4 horas diarias de luz[1] . El resto de energía eléctrica que consumen cada día se paga a precio de oro. El precio del gasoil es más alto que en nuestra provincia; el generador es también un aparato caro, pero imprescindible si se quiere estar comunicado, estudiar, tener comida en la nevera… cosas cotidianas.

Las familias que conocimos tienen sus sueños: seguridad, salud, trabajo, una casa para vivir, comida, estudios para sus hijos… Lo normal, como aquí, pero nada es como aquí. Si tienes la suerte de tener un trabajo, ganas poco, y los sueldos de los pocos que tienen trabajo se acaban de recortar un 30%. El paro afecta a más del 40%, aunque ese porcentaje no incluye a los que nunca tuvieron trabajo y lo buscan, y no hay dónde buscar. Los que trabajan, aunque sea en esas condiciones, son los afortunados. El umbral de pobreza no cesa de crecer, es una sociedad subsidiada; la UNWRA (United Nations Works and Relief Agency) es la agencia de la ONU que proporciona alimentos y escuela a la mayoría de niños y niñas de Gaza.

La Asociación Cana’an de Nueva Pedagogía, socio local de Al Quds en Gaza, proporciona a través de programas específicos ayuda psicosocial a niños y niñas con problemas de miedos, terrores nocturnos, enuresis o irritabilidad, provocados por el trauma de la inseguridad constante, los disparos, los ataques y la violencia continua. El programa cuenta con un personal exquisito, profesionales que consiguen buenos resultados. Las madres respiran por unos días al ver a sus hijos tranquilos, pero ¿hasta cuándo?

Las familias con hijos cuentan que si consiguen terminar sus estudios, las pocas oportunidades de trabajar en algo digno se escapan de las manos todos los días. Las ONG, incluidas las españolas, han ido desapareciendo con los años y la crisis económica. Si quieren salir de Gaza para trabajar o completar estudios deben solicitar un permiso; casi un año después, muy probablemente, recibirán una negativa. Cunde el desánimo, y aumenta la desesperanza entre los jóvenes.

Conocimos historias de mujeres luchadoras. Una de esas mujeres fue abandonada con 5 hijos. Su marido logró salir de Gaza para trabajar, pero nunca más se supo de él. Ahora el PCHR[2] (Centro Palestino de Derechos Humanos en Gaza, socio local de Al Quds) le ha ayudado a conseguir el divorcio. Ha recuperado su dignidad, pero pide en la calle para sostener a sus hijos y subsiste gracias a la ayuda de la UNRWA (agencia de la ONU para Palestina) para comer.

Conocimos también historias de pescadores, con sus barcas de pescar de toda la vida. Su vida es el mar, como cualquier pescador de cualquier pueblo costero del Mediterráneo. Nos contaban que los límites de su mar son escasamente 10 kilómetros. Ahí pueden pescar lo que encuentren, que como podemos imaginar no es mucho. Aún así, Israel ataca día sí y día también a los pescadores: les dispara, les destroza el barco, o se lo confisca. Ellos insisten día tras día en salir, en ponerse en peligro. Y cuando les preguntas por qué salen, por qué se exponen a que les puedan disparar, contestan: “Es lo que he hecho siempre, pescar; ¿qué hago, si no?” Ellos también acuden al PCHR y, sin coste alguno, mediante denuncias y procedimientos legales, consiguen, a veces, la devolución de los barcos confiscados o una compensación en caso de destrozo. Se consigue, con mucho esfuerzo, recuperar algo de la dignidad robada, pero ¿hasta cuándo? .

El viaje continuó por Jerusalén, Ramallah y Hebrón. Pudimos ver situaciones de ocupación y apartheid de Israel hacia a los palestinos diariamente en su calle, en su barrio. En Gaza es distinto. Sientes una presencia invisible, pero cierta. Es una opresión de algo que no ves, pero que existe. Te olvidas durante un rato, vas a la playa, tomas té, charlas con amigos, pero vuelve la opresión. Y te acuestas con ella y con ella te levantas, y tienes otro día por delante… No concibo la vida, no encuentro la manera de concebir la vida así.

Jerusalén está tomada por la ocupación israelí. Con su política de hechos consumados, familias israelíes ocupan casas de familias palestinas en Jerusalén Oeste (la parte palestina según la ONU[3]) y expulsan a sus legítimos dueños. Tienen como único objetivo ocupar Jerusalén día a día. La situación administrativa de los palestinos en Jerusalén es una pesadilla. Con un permiso de residente permanente, no tienen los mismos derechos que los ciudadanos israelíes ni de lejos. Se legaliza el apartheid, se legisla como se hizo en Sudáfrica para expulsar a sus habitantes, uno a uno. Continúan los asentamientos ilegales, como sabemos. La ONU recientemente aprobó una nueva resolución sobre Jerusalén[4]; otro papel mojado, nadie obliga a Israel a cumplir nada, ¡nada!

Hebrón es otro capítulo que da por sí sólo para otro artículo, y aún así no podría conseguir trasmitir la incredulidad, la impotencia y la vergüenza que sentimos allí. Es Zona A[5], pero a Israel, a sus colonos, nadie les impide tomar barrio a barrio, casa a casa, mezquita a mezquita de esta entrañable ciudad. El que fue un floreciente pueblo comercial, hoy sobrevive con una herida en cada esquina. Sólo quieren que los visitemos, porque ya casi nadie lo hace, y que contemos cómo viven, o más bien cómo sobreviven.

De todo lo contado brevemente, la causa, no lo olvides, es la sinrazón de la OCUPACIÓN israelí, el sistema de apartheid al que somete a los palestinos y palestinas, y ya es momento de que acabe. Los palestinos y palestinas están heridos en el corazón, en la memoria, y les están robando el futuro; el pasado lo intentan, pero no pueden. Que tengan un futuro está en nuestra lucha de cada día, de cada campaña de boicot[6], de cada moción municipal aprobada, de cada empresa israelí retirada, de cada acto promovido por su gobierno boicoteado. Sí, está en nuestras manos. Sólo les quedamos nosotros.

[1] http://www.bbc.com/news/world-middle-east-38604904

 

[2] http://www.alqudsandalucia.org/pchr-gaza-derechos-humanos/

 

[3] http://www.palestinalibre.org/articulo.php?a=43869

 

[4] http://www.palestinalibre.org/articulo.php?a=64312

 

[5] http://blogs.diariovasco.com/unaventanahaciapalestina/2012/09/25/cisjordania-zonas-a-b-y-c/

 

[6] https://boicotisrael.net/

 

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