29 Nov Día Internacional de Solidaridad con Palestina: «Apagón moral»

Hace unos días nos llegaba desde Gaza una reseña del asedio de Gaza con el título “Apagón mortal”. En él se relataba especialmente cómo, como consecuencia de la nueva situación política en Egipto  y del cierre de Gaza y de sus túneles la carencia casi total de combustibles hace que la vida de muchas personas estén en riesgo innecesario, no solo por la ausencia de calor o de  una comida en condiciones, sino por la carencia de energía para depurar las aguas o recoger las basuras; por la falta de seguridad en los hospitales para mantener en funcionamiento incubadoras, aparatos de diálisis, salas de operaciones, así como mantener refrigerados medicamentos y componentes biológicos como la sangre.

El apagón afecta también a los estudiantes, que tienen que seguir las lecturas de sus libros bajo la tenue luz de las velas, si es que en las casas las hay. Yo conocía casos de palestinos que, antaño, estudiaban sentados en el suelo junto a una farola de la calle porque no tenían luz en las casas. Pero ahora no la hay en ningún lugar. Conozco Gaza a oscuras. La he visto varias veces. Tantas que ya hay una cierta resignación a que las calles se mantengan a oscuras. Pero no así las casas, no así durante horas y horas. Las familias que viven en bloques de viviendas tienen que subir por las escaleras, que tampoco tienen luz. Tengo amigos que viven en esos pocos bloques altos que a veces se ven por la tele. Son pisos normales que necesitan electricidad como todos los pisos de nuestras ciudades: para calentarse, para cocinar, para ver. No son cuevas donde puedas poner leña en el suelo. No hay cocinas de carbón (tampoco hay carbón en Gaza). Tienen niños que necesitan un vaso de leche caliente o agua para lavarse. Si no hay combustible, no hay nada de esto. Muchas familias abandonan a temporadas sus casas y van a vivir con familiares a lugares más accesibles, sin tener que subir los bebés 11 ó 12 plantas y llegar sin resuello para encontrar que no hay luz, no hay agua, no hay nada. Nunca saben cuándo será la última vez que abandonarán sus casas.

En el 2006 Israel comenzó una guerra contra Gaza que continua de forma ininterrumpida. Las fronteras se cerraron. Al principio y debido al acuerdo previo, la Unión Europea se hizo cargo de la frontera de Rafah, pero pronto abandonaron sus compromisos con miles de excusas y acabaron volviendo a Europa. Desde hace años ni siquiera se habla de ellos y de su responsabilidad. ¿No piensan volver?. Lo mismo hasta cobran por ese empleo, a pesar de que no lo ejercen.

Ehud Olmert, en el 2006, aplaudió a su asesor cuando éste dijo: “los palestinos no morirán, pero los haremos adelgazar”

Los cierres en Gaza significan falta de alimentos básicos, de medicamentos, de combustibles de todo tipo, de materiales de construcción, de repuestos, de todo: Faltan hasta el hastío. Faltan hasta el crimen. Ehud Olmert, en el 2006, aplaudió a su asesor cuando éste dijo: “los palestinos no morirán, pero los haremos adelgazar”. Ese verano Israel bombardeó por primera vez la única central eléctrica de Gaza y el único molino de harina. Si con un ataque dejó a la población sumida en la oscuridad, con la otra los sometió al hambre. Ese verano atacaron la universidad, bombardearon los puentes, viviendas, fronteras, el aeropuerto… En el 2008 Israel declara Gaza como “entidad enemiga” y a todos sus ciudadanos como “enemigos no combatientes” sustituyendo al concepto genérico y global de “población civil” y al de “población protegida” dispuesto en las Convenciones de Ginebra. La declaración de “entidad enemiga” daba carta de naturaleza a los cortes de suministros energéticos de cualquier tipo o al del agua potable. Declarando Gaza “entidad enemiga” se le puede atacar sin pudor, se le puede ocupar, se puede asesinar. La declaración de “enemigo no combatiente” dejaba la población de Gaza desprotegida.

Desde que los colonos se fueron de Gaza, este territorio ha permanecido sometido a la arbitrariedad de Israel que nunca, nunca, ha optado por la paz ni por el reconocimiento de un estado palestino. Los cortes de luz y de suministros se han generalizado y son habituales dado que Israel siempre encuentra excusas suficientes en sus propias paranoias para culpar y castigar a sus vecinos.

Gaza no es más que un laboratorio a exportar donde se ha calculado la tolerancia de la Comunidad Internacional: cuántos muertos aguanta sin abrir la boca; cuántos asentamientos sin enterarse; cuántos bombardeos sin pestañear

Gaza no es más que un laboratorio a exportar donde se ha calculado la tolerancia de la Comunidad Internacional: cuántos muertos aguanta sin abrir la boca; cuántos asentamientos sin enterarse; cuántos bombardeos sin pestañear. Gaza es un laboratorio: cómo se entra en una casa, cómo se culpabiliza a la población del destino que corre, cómo se viola la correspondencia, cómo se cortan las comunicaciones, cómo se somete a una población al asedio sin que nadie, nadie se mueva. Gaza es un laboratorio, repito, un laboratorio exportable.

A pocos kilómetros, detrás de una frontera infranqueable, en Cisjordania y la Jerusalén ocupada, sus ciudadanos viven circunstancias vitales similares, con el agravante de que, en Cisjordania, la Autoridad Palestina es cómplice de la ocupación israelí, asiente ante los castigos a la población de Gaza y los condena escasamente y débilmente solo cuando su silencio es tan abrumador que siente vergüenza. Pero su complicidad es tan evidente que llegan a ceder en cuestiones fundamentales para la patria Palestina, como es que Jerusalén es su capital y que los refugiados han de volver y recuperar su lugar en el mundo. El muro y los asentamientos que construye Israel sirven para varias cosas: el control de territorio, la exclusión de la población, el control del agua y de las tierras fértiles, etc. Pero también sirven, por ejemplo, para la propia impunidad de la Autoridad Palestina y el enriquecimiento de algunos de sus miembros tanto por su silencio y complicidad como por sus pingües negocios inmobiliarios y de otro tipo de concesiones.

A estas alturas de la historia, la Autoridad Palestina se erige en uno de los enemigos principales del pueblo que dice defender. Mientras que este gobierno absurdo que es incapaz de defender ni sus fronteras ni a su gente y se mantienen simplemente por ambición personal, los palestinos son cada vez más pobres, están cada vez más aislados y el control de Israel de cada uno de los islotes en los que se han convertido sus ciudades es mayor y más eficaz. El gobierno palestino no puede garantizar que los ciudadanos puedan moverse de unas ciudades a otras, que acudan a las escuelas o los hospitales o que cultiven sus tierras y saquen agua de sus pozos. Ni siquiera pueden garantizar que mantengan sus propiedades.

La experiencia y la historia también nos dice que otro gran enemigo de los Palestinos es el resto del mundo árabe, no sus ciudadanos, sino sus gobernantes, que títeres de occidente o de sus propias riquezas, no quieren saber nada de un pueblo rebelde y levantisco, que quiere democracia y cuyas mujeres han optado por un grado de libertad que escasamente se observa en otros países del entorno. La Liga Árabe, que se estremece cuando Israel ataca a Palestina, solo sirve para dar limosnas que aplaquen un poco la necesidad de un techo, de agua potable, de alimento o de calor. Nada más.

La ineficacia, el inmovilismo cómplice, el silencio permanente de la Comunidad Internacional es lo que da título a esta reflexión: el apagón moral, pues es eso  lo que estamos viviendo, hasta el punto de que, más allá de las fronteras palestinas o de la guerra civil siria, o del desastre iraquí, el apagón moral que sufren los organismos internacionales nos han dejado desahuciados a todos. Eso sería exactamente así, de no ser porque desde Palestina nos viene la respuesta civil más organizada e importante: el BDS, (Boicot, Desinversiones y Sanciones) para hacer frente a este apagón moral en el que han caído organizaciones internacionales, regionales, gobiernos, medios de comunicación, diplomáticos y hasta las organizaciones humanitarias de pro. Israel y otros países poderosos del mundo se ocupan de que lo organizado se desorganice, de que las leyes no se apliquen y de que impere la ley de la selva.

En el día Internacional de Palestina, el 29 de noviembre, nuestra mirada solo busca la mano amiga que se une al boicot. Ya no esperamos que se cumplan resoluciones de naciones Unidas ni acuerdos de la Unión Europea. No creemos que haya ningún gobierno con la catadura moral suficiente como para enfrentarse a un estado asesino. Es por eso que hoy nos unimos y denunciamos al comerciante que compra productos israelíes. A las empresas que participan de sus métodos de guerra y represión, a los gobiernos que cambian las leyes para adecuarlas a los intereses de los poderosos, a la Comunidad Internacional que da pábulo y carta de naturaleza a un gobierno asesino. A nuestro gobierno que se deja asesorar por sus métodos de guerra sin ley. A nuestro ayuntamiento que invita a personas indeseables que representan a este estado asesino. Nos unimos para denunciar, pero sobre todo para decir alto y claro que nos unimos por el boicot y que el boicot llega, el boicot se expande, el boicot hace daño. Y lo conseguiremos. Sin Resoluciones, sin gobiernos, sin diplomáticos. Lo conseguiremos con  una sola palabra que ya se ha hecho fuerte en el mundo: BOICOT.

Lamentamos tener que incluir en esta lista de incapaces y cómplices a la Autoridad Palestina. También alguna vez tendrá que responder por el fraude que está permanentemente cometiendo a su propia gente.

Viva Palestina.

Cristina Ruiz-Cortina Sierra, Presidenta de la Asociación Al Quds de Solidaridad con los Pueblos del Mundo Árabe

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